La historia de Sebastián y Carlos, encargados de la cocina del Centro Penitenciario El Hongo I, refleja el objetivo central de los programas de reinserción social de la CESISPE: transformar vidas desde la oportunidad, el trabajo y la reconstrucción personal

EL HONGO.- Son las cinco de la mañana, el sol aún no sale por completo,  la mayoría de gente apenas comienza a despertar, pero en la cocina del Centro Penitenciario El Hongo I ya hay movimiento, es una rutina diaria que persigue un solo propósito: alimentar a miles de personas.

Es un espacio en donde el calor no solo viene de las estufas que cocinan los alimentos, sino  también de las historias de transformación de Carlos y Sebastián, los dos privados de la libertad encargados de tan importante y prestigiosa zona del centro.

Carlos, conocido entre sus compañeros como “El Chino”, no llegó a la cocina por casualidad, con casi dos décadas de experiencia en el mundo culinario, su vida siempre estuvo ligada a este ambiente, ya que, en el exterior se dedicaba precisamente a esto, a la cocina profesional, siendo su especialidad los mariscos.

Hoy, vive en un entorno totalmente distinto pero mantiene su pasión, logrando incluso perfeccionar su talento, pues tiene que adaptarse a los alimentos que se manejan, y con ellos entregarle a la población interna la mejor versión posible en cada comida.

“Hay días en los que tenemos que hacer magia con lo que nos queda de insumos para satisfacer a todos los compañeros”, dice, con orgullo, mientras describe lo que implica preparar alimentos diariamente para cerca de cinco mil internos.

Y esa “magia” no es otra cosa que pasión, vocación y hasta creatividad para lograr que la comida nunca le falte a nadie.

Para él, cada comentario de sus compañeros sobre un buen platillo representa algo más que satisfacción. Es una forma de sentirse útil, vigente, humano. Esto dicho por sus propias palabras.

Por su parte, Sebastián tiene un recorrido completamente distinto, a diferencia de Carlos, él no sabía cocinar, así que fue aquí, en El Hongo I, en donde se abrió un nuevo mundo para él y que confiesa, nunca imaginó que le apasionaría tanto.

Sebastián aprendió rápido, se adaptó y encontró en ese espacio algo más que un oficio: una nueva dirección.

“Me enseñaron, me gustó… y aquí sigo”, resume. "Cada día que empieza es un nuevo reto para nosotros, así lo vemos, se trata de tener satisfecha a la población con nuestro trabajo", extiende.

En el modelo de reinserción social impulsado por la Comisión Estatal del Sistema Penitenciario de Baja California (CESISPE ) el trabajo no es solo una actividad, es una herramienta de transformación y en  la cocina no es la excepción, esto se refleja todos los días en el comportamiento servicial y en los valores como disciplina, constancia y compañerismo que se ponen de manifiesto en cada uno de los privados que emplea su tiempo en las distintas áreas de esta zona.

Para Carlos y Sebastián no solo se trata de preparar alimentos, sino también de construir

hábitos que puedan en un futuro abrirles nuevas oportunidades de vida cuando la libertad vuelva a tocar su puerta.

Ambos, oriundos de la ciudad de Tijuana , purgan actualmente condenas superiores a los 15 años.

Lejos de romantizar su pasado, ambos lo reconocen con claridad.

Carlos habla de decisiones equivocadas que tomó buscando ilusamente el dinero fácil que cambiara su vida, pero irónicamente fueron esas elecciones las que cambiaron en otro sentido su historia.

Sebastián es un poco más claro en su panorama: las amistades fueron un factor determinante para envolverse en un realidad ficticia que lo llevo a aterrizar de manera ruda a una realidad de dolor y encierro.

Ambos coinciden en que si pudieran regresar el tiempo, obviamente elegirían caminos distintos, no lo dicen desde el arrepentimiento vacío, sino desde la experiencia adquirida, lamentablemente, tras haber tocado fondo.

Y es justamente esa experiencia la que hoy buscan compartir para los jóvenes que se encuentran en libertad pero tomando caminos ilícitos.

“No se enreden”, dice Sebastián sin rodeos,  “Vale más andar derecho, aunque cueste trabajo,  porque créanme sale más caro estar aquí encerrado, uno pierde muchas cosas aquí adentro; familia, amigos, todo".

Carlos complementa la idea con una frase que resume años de aprendizaje: “Es mejor batallar un poco en libertad, que terminar aquí o peor en el panteón”.

Sus palabras no son un simple discurso, son vivencias que tuvieron que sentir en carne propia.

En El Hongo I, para estos dos elementos la cocina no solo cumple con una función operativa, sino que es más bien, un espacio donde saben que su pasado no se borra, pero sí se confronta. Donde el presente se trabaja todos los días, con esfuerzo y dedicación, y en donde el futuro, aunque por momentos parece ser incierto, comienza a tomar forma esperanzadora.

Porque ese es el objetivo de la CESISPE: generar condiciones reales para la transformación de las personas, impactando positivamente en sus familias y en las comunidades de Baja California.

Los cambios no son inmediatos, pero cuando son verdaderos, se cocinan "a fuego lento".